Una historia conmovedora sobre el agua en España se encuentra en la isla de El Hierro, específicamente en el Pozo de la Salud, también conocido como Pozo de Sabinosa. Este pozo, perforado entre 1702 y 1704, fue durante siglos una fuente esencial de agua para los habitantes locales, especialmente en tiempos de sequía.
A pesar de que sus aguas eran ligeramente salobres, se observó que quienes las consumían experimentaban mejoras en su salud. Esta percepción llevó a que, en 1843-1844, las aguas del pozo fueran declaradas minero-medicinales. Su fama se extendió más allá de El Hierro, atrayendo a personas de otras islas en busca de sus supuestas propiedades curativas.
En la década de 1940, el ingeniero militar José Ángel Rodrigo-Vallabriga Brito obtuvo la concesión para explotar las aguas del pozo. Registró el nombre "Aguas de Sabinosa" en 1945 y comenzó a embotellar el agua para su distribución en farmacias y tiendas de las islas. Además, construyó un balneario donde se ofrecían tratamientos que incluían baños calientes y la ingesta diaria de varios litros de agua del pozo.
Una figura destacada en esta historia es Doña Valentina Hernández, conocida como "la de Sabinosa". Además de ser una reconocida cantadora y tamborilera del folclore canario, en 1949 preparaba los baños calientes en el balneario junto a su esposo Esdras. Su contribución no solo preservó la tradición musical de la isla, sino que también fortaleció la conexión entre la comunidad y las prácticas de salud relacionadas con el agua del pozo.
Esta narrativa ilustra cómo, en contextos de escasez y necesidad, las comunidades desarrollaron soluciones locales para garantizar el acceso al agua, atribuyéndole propiedades curativas y construyendo infraestructuras que perduraron en el tiempo.